El grupo nos ayuda en muchos sentidos: Nos apoya en nuestros momentos de crisis y dudas, nos gratifica en nuestros avances y nos refuerza en nuestros posicionamientos.
Un grupo de hombres se convierte en un motor de cambio que catapulta a sus miembros a nuevos escenarios de búsqueda, de libertad y de desarrollo personal. Una especial característica que diferencia el espacio de intercomunicación que se crea en un grupo de hombres, es la aceptación y el apoyo mutuos.
Los hombres estamos acostumbrados a ocultarnos mutuamente las debilidades. Es más, cuando a alguno se nos escapan, los otros aprovechamos para hacérselo notar de mil maneras posibles, que van desde la crueldad directa, hasta la broma graciosamente hiriente. En definitiva, cualquier herramienta es buena para airear la debilidad ajena, creando situaciones en las que nuestra propiedad inseguridad queda tapada por la de los otros.
Esto no es así en los grupos de hombres. Entre nosotros, no hay bromas sobre nuestros errores, inseguridades o vulnerabilidades. Todo al contrario, cuando salen estas cuestiones –lo cual es bastante habitual- los otros hombres del grupo empatizamos con el que habla y aprovechamos para mirarnos a nosotros mismos a través del espejo que el compañero nos está facilitando.
En los grupos de hombres, intentamos romper con el modelo tradicional masculino de fuerza, poder y rivalidad y restituirlo por otro de respeto, cercanía y solidaridad entre nosotros.
Otra característica de los grupos de hombres es el auto-cuestionamiento del papel que hemos desempeñado y seguimos haciéndolo como productos –muy bien elaborados- de una sociedad milenariamente machista.
La siguiente característica a destacar es la confidencialidad. Necesariamente, el proceso personal-colectivo del que estamos hablando, exige la puesta en común de hechos y datos que pertenecen al mundo más personal e íntimo de sus miembros. En las reuniones de los grupos de hombres, sobre todo superada la fase inicial de toma de confianza, salen a la luz cuestiones que exigen de la tranquilidad del que habla, sobre la confidencialidad de lo tratado.
Es un pacto necesario que los miembros del grupo, es conveniente que dejen claro, desde el primer momento. Lo que se hable en el grupo allí quedará. En todo aquello que estemos tocando la intimidad de alguno de sus miembros, es necesario ser escrupulosamente respetuosos.
Y es que, no hay complicidad sin confianza. Y ésta última situación, si no característica, sí que es, al menos, una clara consecuencia de los procesos que se viven a lo largo de años, en los grupos. Es habitual que se advierta una especial complicidad entre los miembros de un mismo grupo de hombres que, a menudo, sin ser amigos en el sentido estricto de la palabra, han compartido y comparten muchas cosas que significan el establecimiento de unos lazos muy profundos. |