| |
A principios de 2001, en Málaga (España), nos reuníamos por primera vez un grupo de hombres con un objetivo: hablar. Intercambiar ideas, pensamientos y sentimientos acerca de nosotros mismos, reflexionando en torno a lo que significa en estos tiempos, ser hombre.
Sin saberlo, estábamos haciendo lo mismo que otros muchos hombres habían hecho con anterioridad: constituir un grupo de reflexión. Estos Grupos de Hombres se convierten, fácilmente, en un motor que catapulta a sus miembros a nuevos escenarios de búsqueda, de libertad y de desarrollo personal. En nuestro caso, todos hemos cambiado mientras recorríamos este camino que nos ha hecho más conscientes de nosotros mismos y del mundo que nos rodea.
Y así fue cómo, pronto nos dimos cuenta de algo muy importante. Si queremos hablar de encontrar nuevos modelos de masculinidad que estén basados en la libertad y la igualdad entre las personas, no podemos dejar de hablar de patriarcado, de injusticia, de dominación, de poder, de competitividad, de violencia... Paradójicamente, el mismo espejo que utilizábamos para mirarnos a nosotros como hombres, nos había devuelto la imagen de la injusticia que sufren las mujeres.
Es en este contexto donde surgen los dos pilares en que nos basamos: el primero, la búsqueda de una nueva forma de ser hombre, a través de nuevos modelos de masculinidad; positivos, respetuosos, igualitarios y más libres. Y el segundo, la lucha contra todo tipo de discriminación en razón de sexo.
Nuestras mentes y nuestros corazones no aceptaban iniciar un camino de búsqueda de libertad, un intento de zafarnos de las estructuras patriarcales, sin que, a la vez, esto conllevara un proceso de toma de conciencia de la situación de grave discriminación que históricamente ha sufrido la mujer y que aún hoy padece. Y sin que eso significara una posición activa de oposición ante estas injusticias. Sin esto último, sin la acción que confirme nuestra opinión correríamos el peligro de caer en lo que muchos otros: ese doble discurso masculino, de aquellos que no tienen reparos en apoyar la igualdad pero que en la práctica, presentan una fuerte resistencia ante los avances reales de las mujeres, cuando éstos les afectan en lo personal.
Esta última idea fue la que nos impulsó a dar un paso más: creamos AHIGE, la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género, que representa nuestro compromiso formal, ante la sociedad, de luchar activamente por los principios que antes hemos establecido.
Definitivamente, creemos que ambos procesos, la revolución masculina que propugnamos, y la emancipación real de la mujer, irán de la mano, alimentándose mutuamente. Uno no es concebible sin el otro.
. |
|
| |
|
|
|
|
|