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Como indica Michael Flood en su artículo "Tres principios para hombres", los hombres por la igualdad tenemos tres principios básicos; pro-masculino, pro-feminista y pro-homosexual.
Ser pro-masculino significa, "ser positivo respecto a los hombres; creer que los hombres podemos cambiar; apoyar los esfuerzos de cada hombre por lograr un cambio positivo. Significa construir relaciones íntimas y alianzas de apoyo entre hombres. Es reconocer los muchos actos de compasión y nobleza de los hombres. Es resistirnos a sentir desesperanza respecto a los hombres y a descalificarnos, y es rechazar la idea de que los hombres somos intrínsecamente malos, opresivos o sexistas."
Se trata de un cambio radical con respecto al lugar de donde solemos venir muchos de nosotros, que se sitúa más bien en el rechazo y la distancia con respecto a lo masculino. Esto se da así porque en esos momentos, estamos en el entendimiento que sólo existe lo que conocemos por modelo tradicional masculino. No vislumbramos alternativa alguna.
Sin embargo, cuando descubrimos otras formas de ser hombre, entonces comprendemos lo importante que es sentirse a gusto perteneciendo al género masculino, pensar en positivo con respecto a nosotros mismos y nuestros congéneres. Recuperar la confianza en el hombre. Este punto es muy importante, pues nos dota de positivismo. A menudo, nuestro discurso ha de ser, obligatoriamente, muy crítico para con los hombres y, sin esa fuente de sentimientos y fuerzas favorables a lo masculino, fácilmente podríamos caer en la distancia y la incomprensión hacia los otros hombres. Y viceversa.
Ser pro-homosexual "significa comprometernos a desafiar la homofobia y el prejuicio y la opresión contra las personas homosexuales. Significa estar conscientes de las experiencias de los homosexuales y las lesbianas, y dejarnos informar por los análisis que ellos y ellas hacen de la sociedad. Para los hombres en particular, ser pro-homosexual significa reconocer el papel de la homofobia en las operaciones de la masculinidad, y formar relaciones íntimas y de apoyo con los hombres, heterosexuales y demás".
Durante milenios, los hombres hemos ido aumentando, de generación en generación, la homofobia entre nuestras filas. Hasta tal punto esto ha sido así, que el odio hacia todo lo homosexual se ha convertido en una de las bases sobre las que se sustenta el patriarcado y, dentro del mismo, el modelo tradicional masculino.
Esta homofobia nos ha limitado enormemente a todos. Ni que decir tiene que los más perjudicados han sido las personas homosexuales, que se convirtieron en grandes marginados sociales. Pero también el resto hemos sufrido las gravísimas consecuencias de ese miedo descontrolado hacia todo tipo de roce, de intimidad y cercanía entre hombres.
Por todo lo expuesto, cuando defendemos los derechos de los homosexuales, además de estar respondiendo a una injusticia hiriente, nos estamos ayudando a nosotros mismos. Estamos avanzando hacia nuestra propia liberación.
Ser pro-feminista significa, fundamentalmente, comprometernos a desafiar la opresión de las mujeres, el sexismo y la injusticia por razón de género. Es estar conscientes de las experiencias de las mujeres y dejarnos informar por los análisis que las feministas hacen de la sociedad. Para los hombres en particular, ser pro-feministas significa tratar de desarrollar formas de masculinidad no opresivas y relaciones no sexistas con las mujeres".
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